miércoles 17 de julio de 2024 - Edición Nº2051

Nación | 24 jun 2024

Efemérides

Eduardo Morera, el primer videasta argentino que llevó a Carlos Gardel a la pantalla grande


A 89 años de la  desaparición física del Zorzal Criollo: una entrevista inédita con su primer director. Las experiencias de vida de un eterno romántico a través de anécdotas que entrelazan lo real con lo mítico, narrando pasiones, tiros, traiciones, amores interesados, filmaciones, entre tantas otras situaciones reveladoras. Además, fue un pionero del cine sonoro argentino y autor de los primeros videoclips (cortometrajes).

Eduardo Morera, un hombre que vivió bajo su propia óptica, de imponente porte y carisma. A pesar del paso del tiempo, mantuvo su seducción varonil del típico “macho porteño". Su viveza y su chispa despertaron en todo momento el interés de sus interlocutores, ya que era imposible permanecer indiferente ante sus palabras.

Un egocéntrico empedernido que sacó provecho de su magnetismo personal. Estaba estrechamente ligado al mito de Gardel con la obligación de ser el emisario de un recuerdo. Autoproclamado presidente de la “Asociación Mundial Hermandad Gardeliana”, filmó con el “Morocho del Abasto”alrededor de diez cortos musicales y supo hacer del arte una industria. Al momento de la entrevista tenía 89 años bien llevados, cautivando con sus sorprendentes anécdotas de historias de tiros, manteca al techo, amores por interés y traiciones, sin desperdicios

 

 Morera, ¿Cuál es su mejor recuerdo?

Hasta ahora, ustedes (utilizando siempre la seducción para evadir alguna pregunta comprometedora). ¡Qué me voy a acordar! Desde el año 43 que no hago cine. ¡A mí no me gusta el cine! ¡Si yo no tengo vocación de cine! Yo soy un fabricante de películas. Todas mis películas dieron mucha plata, porque yo hago cine popular por excelencia. No hago películas para intelectuales. No le pido guita al gobierno. Yo la guita se la saco al público. “Ya Tiene Comisario El Pueblo” (1936) es un film que dirigí que me da vergüenza cuando la veo.

¿Usted fue el director de esa película?

Sí, pero por qué les gusta discutir conmigo (Bromeando).

 

¿Cómo se filmaba en aquellos tiempos los videos?

Mis primeros videos fueron realizados con elementos precarios a causa del escaso presupuesto. Yo soy “ingeniero en acústica”. Con aplausos detectaba dónde había más o menos grado de resonancia, y allí donde faltaba hacía poner un trapo de piso húmedo. Fíjense que los negativos se secaban con un ventilador. Así hacíamos los videoclips. En cualquier momento me equivoco y termino diciendo otra cosa.

 

 ¿Qué cosa?

¿Se los digo? (haciendo una pequeña pausa) “Videoclítoris” (risas).

 

Usted fue un visionario ¿Cree que nació en una época equivocada para innovar?

Miren yo perdí cinco videos porque antes las películas iban con el sonido y la imagen en la misma cinta. Por eso el laboratorio no pudo distinguir entre una cosa y la otra. Entonces no lo pudimos estrenar porque los cines no tenían sonido. No era mi época, era la época del cine mudo.

 

¿Cómo se involucró con el mundo del espectáculo?

Era un artista de teatro de la compañía de Enrique Muiño. Este se iba a España y como yo era menor de edad, mi padre no me dejó ir. Entonces una amiga al verme deprimido, me llevó a la filmación de José Ferreyra “Mientras Buenos Aires Duerme”(1925). Y ahí Ferreyra me dijo: “Señor, ¿no quisiera trabajar de extra?”. Y acepté.

Morera después de ese debut, participó como protagonista en otras películas: “Bajo La Mirada de Dios” (1926), y la censurada  “La Borrachera del Tango” (1928).

 

Siendo empresario del cine ¿Cómo manejaba su industria?

En mis producciones hacía de todo: maquillaba, escribía argumentos, dirigía y producía. Además, iba a los cines para controlar a los espectadores que concurrían a ver las películas; para que no me afanaran. Un día fui a un cine de Liniers y en la función de la tarde cuento 460 espectadores. El dueño me dijo que era un compadrito y que la cantidad de espectadores que él contó era menor que la mía. Y en tono amenazador me sugirió: “¡¿Usted va a saber más que yo cuánta gente hay en mi casa?!”. Entonces, le dije “Serenémonos, yo voy a tomar un café a la esquina y luego hablamos”. Al rato me viene a buscar el administrador y me pregunta: “Señor Morera, el operador dice que falta el tercero; el quinto y el noveno acto de su película”. Y le respondí: “Sí, ya sé, están acá. Cuénteles ustedes mismos cómo termina el film”. Y me trajeron la “guita” al café. ¡¿Es una anécdota esa, o no?!

 

Se nota su viveza para hacer negocios

No se crean, hace poco tiempo una empresaria del espectáculo me sedujo para un proyecto en conjunto. Nunca en mi vida me habían hablado como me habló esa mujer, casi me hace llorar. “Morera, lo que voy a decirle me sale del corazón, usted en este país es uno más, en otro país usted sería…” Nunca me habían dicho eso. Y continuó: “Desde ahora en más yo me encargo hasta de su vida privada”, me dijo esa señora. Pensé ¡Hecho! Ella luego viajó a Japón y a su regreso rompió el trato. ¡Entrás como un caballo con una cosa así. ¡O no?!

 

Continuando con el tema del cine donde usted fue un precursor ¿Qué puede decirnos de un innovador como Leonardo Favio?

Leonardo Favio es un tipo atrevido. No lo respeto como director de cine, porque él es anti comercial. Y el cine antes que una expresión de arte es una industria. Sus películas siempre fueron muy lindas poéticamente hablando, pero no daban “guita”. Y como no tengo cultura, hago películas a mi gusto. El que me gusta es Eliseo Subiela.

 

¿Cuándo conoció a Gardel vio en él un negocio?

Cuando me lo presentaron me dije, con este puedo hacer dos películas, por lo gordo que estaba. ¿Saben qué laburo me dio para que filmara?

 

¿Por qué cree usted que triunfó Gardel?

Triunfó por tres cosas: La primera porque cantaba bien; la segunda porque tuvo a Razzano que era un buen vendedor; y la tercera porque murió de esa manera. Para mí Gardel ha sido bendecido, sino no hubiera sido posible lo que pasó con él. Carlitos era un tipo estándar, vulgar, tuvo suerte de ir a París, y allí formó su imagen; si el tipo se queda en Buenos Aires la gente hubiera dicho; Uy a ese tipo lo veo todos los días! ¡Qué va a cantar ese! Hay que tener sugestión, y él creó la sugestión en París. Allá no tuvo mucho éxito, sino una gorda que le compró un coche. Carlitos nos decía: “Muchachos, no me cachen que salgo con el bagallo”. Ella era una millonaria dueña de una fábrica de cigarrillos.

 

¿Alguna anécdota sabrosa que le venga a la mente?

Tengo una anécdota que quiero contarles, en el año 17, Gardel estaba en un cabaret con Elías Alippi, cuando iban allí los cantores de tango, los niños bien tiraban manteca al techo que se iba derritiendo y manchaba la ropa de la gente cuando caía. Esto ocasionó una pelea. Gardel en un momento del despelote, dijo: Vámonos. Se subieron a un auto y les dispararon, el tiro le pegó a Carlitos en el pulmón. Él vivió con esa bala toda su vida. Hace dos años me enteré quién fue el que disparó (se queda callado esperando la re pregunta).

 

¿Quién fue?

El padre del Che Guevara (silencio)

 

Nuestro diálogo fue interrumpido por un llamado. Morera atendió y dijo en tono seductor, a pesar de sus bien llevados 89 años: “¿Usted quién es? ¡Hola maravillosa! ¡¿Sabés la necesidad que tengo de hablar con vos?! ¡¿Estás linda como siempre?! ¡¿Sos capaz de hacerle beneficencia a un viejo?!”. Y prosiguió:”Ahora estoy con unas amigas (refiriéndose a las periodistas) ¡Pero vos sos la linda!” (Sonriéndoles con mirada cómplice).

Siguió hablando con su interlocutora: “Este compadrito se casó por primera vez hace pocos años con una mujer hermosa fallecida hace poco tiempo atrás, a quien doblaba en edad y de la cual no pudo olvidarse”.

Al terminar la conversación telefónica dijo: “Es preciosa esta chica. Tengo miedo de que me enganche. Porque a mí después de hacer el amor me aplauden y me piden bis. Y el espectáculo no se repite”.

 

¿Cómo es su relación con el público?

 No saben los giles que se paran a hablarme. A veces me rechiflo un poco porque me hacen preguntas pavotas. Me viene a la mente: ¡Señor, yo soy parecido, pero no soy Gardel! En la casa de Carlitos, un día se cayó un cacho de techo  y un hombre que estaba ahí me dijo: “Démelo que es de la casa de Gardel” Hay una gilada que hace ese tipo de cosas y yo tuve que escuchar ese tipo de cosas durante 60 años. (Morera continuó hablando verborragicamente) El otro día me afectó porque un tipo me siguió y me preguntó por una actriz que fue mi pareja protagónica en una película. Yo no le contesté, entonces el hombre insistió: “¡Qué bien que estuvo en esa película con Mary Clay”! Y yo luego me dije: Por qué no me habré ido a tomar un café con él, el único admirador que tengo aún.

 

La charla podría haber continuado indefinidamente, pero en algún momento debía terminar. Morera, un ícono viviente del espectáculo y un pilar de la historia cultural argentina, nos despidió luego de compartir dos horas de su vívida experiencia.

El legado de un director que pocos recuerdan, el gran fabricante de sueños a quien Orson Wells llamó “El Crazy Morera”.

 

© 1995  Investigación y redacción Andrea Sigal (colaboró Julia Caprara)

 

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