CIUDAD | 19 ABR 2026

MUSICA

El tango alza la voz

En el CAFF, músicos, trabajadores y público convirtieron un festival en resistencia cultural: la disputa por los medios públicos se escuchó, se dijo y se bailó.




El miércoles 15 de abril, la noche “almagrense” no tuvo nada de rutinario. Porque desde la puerta del Club Atlético Fernández Fierro (CAFF) se percibían abrazos y conversaciones cruzadas entre colegas, que mitigaban la terca garúa que había caracterizado el día. Adentro, la sala llena no sólo anticipaba música; sino una mezcla de ansiedad y pertenencia anunciaba una toma de posición. El Festival en Defensa de los Medios Públicos condensó, en clave tanguera, una discusión más amplia: quién produce sentido en la Ciudad y bajo qué condiciones.

Desde la apertura de Cucuza Castiello y Juan Pablo Gallardo con “Trenzas”, quedó claro que la cosa no iba de nostalgia. Cucuza, con su impronta de agite barrial, puso en palabras lo que flotaba en el ambiente: “La2x4… es la única radio que nos cobija, que nos defiende, que nos difunde”. No fue una declaración protocolar; sino la síntesis de una política pública. En un ecosistema dominado por plataformas que priorizan la repetición de fórmulas globales, los medios públicos operan como un espacio donde lo singular todavía tiene lugar. La versión tanguera de “Promesas sobre el bidet”, de Charly García, refuerza esa idea y propone una manera de expandir el repertorio sin diluir identidad. Cerraron su participación con “El conventillo” y la sala ya estaba enfervorizada.

El relevo lo tomaron Hernán Genovese y Roger Helou. “Callejón” funcionó como una cartografía mínima: un recorte urbano donde el tango sigue siendo el gran narrador. Genovese fue directo: “La cultura no puede quedar al arbitrio del mercado”. La frase, lejos de sonar declamatoria, encontró respaldo en la propia performance: sus matices, silencios y cierta cadencia “riveriana” dan cuenta de su particularidad y evidencia un principio básico: hay contenidos que sólo existen si hay una decisión de sostenerlos más allá de su rentabilidad inmediata.

El clima se desplazó hacia otra intensidad con la aparición de Virginia Lago que, sin música ni artificios, recitó “La pájara pinta” de María Elena Walsh. La elección no fue casual: el poema, atravesado por la idea de atropello, dialogó con la coyuntura sin necesidad de explicitarla. Al final, su sentencia —“No lo vamos a permitir”— operó como un límite ético antes que como consigna. En ese momento, el festival dejó de ser una suma de actuaciones para convertirse en una escena de enunciación colectiva.

El dúo de Antonella Alfonso y Hugo Hoffman aportó una textura distinta. “Te extraño”, un bolero en formato de milonga criolla, abrió un espacio de respiración dentro de la noche. Alfonso, con una voz que articula tradición y presente; y Hoffman, que dialoga con el piano más que acompaña, mostraron otra cara del tango actual: la de una sensibilidad que no necesita sobreactuarse para conmover. Antes de bajar, el grito de Hoffman —“Aguante La2x4”— no sonó a consigna, sino a reconocimiento de un entramado que hace posible esas búsquedas estéticas.

El pulso cambió con el Chino Laborde y Moscato Luna. La versión tangueada de “Yendo de la cama al living” volvió a poner en juego la relación con Charly García, pero desde un lugar más áspero. Laborde la canta como si cada frase estuviera en disputa, y Moscato, un experto de la intuición sobre la partitura, hicieron de aquel clásico del rock nacional una interpretación notable. El cierre con “Acquaforte” reafirmó el carácter anárquico del tango, una práctica que se reescribe en cada ejecución. Allá, bien alejado de los criterios de previsibilidad.

El tramo de Patricia Barone y Javier González introdujo una dimensión explícita de memoria. “Están lloviendo mujeres” y “Pompeya no olvida” volvieron a poner en circulación un repertorio que entiende al tango como herramienta de narración del presente. La obra de este dúo, construida desde fines de los ’80, demuestra que la renovación del género no pasa sólo por lo sonoro, sino por la decisión de incorporar otras problemáticas. Su presencia recordó que la producción de contenidos propios no es un lujo: es una condición para que una sociedad pueda reconocerse, pensarse y trascender.

El cierre del Festival estuvo a cargo de la Orquesta Misteriosa Buenos Aires junto a Eliana Sosa. La formación, que retoma el formato de orquesta típica, logró equilibrar la tradición bailable con una estética actual. Sosa, con la potencia de su voz encarna herencia y renovación, y es en el escenario donde se consolida esa idea de continuidad activa, que tanto nos representa. Vale mencionar también la presencia de Marcelo Rojas, el Tango DJ de la Radio que, entre las presentaciones, convirtió la sala en pista. Lo cual no fue decorativo, sino que demostró que el tango sigue siendo una práctica social antes que un objeto de contemplación.

Las conductoras Graciela Raffa y Paula Sterczek, dos profesionales de gran historia en la Radio de la Ciudad, despidieron la noche con una afirmación precisa: “La 2x4 no es de un gobierno, es de todos”.

En esa frase se condensó el eje del festival. Porque la discusión en torno a la concesión de La 2x4, AM 1110 y el Canal de la Ciudad no es meramente administrativa. Remite al rol del Estado en la garantía de contenidos que el mercado no produciría por sí mismo, y a la necesidad de preservar espacios donde la identidad cultural pueda desplegarse sin condicionamientos comerciales.

El festival no resolvió la coyuntura, pero la iluminó desde otro lugar: el de una práctica artística que, históricamente, ha sabido registrar las tensiones sociales. El tango, otra vez, como cronista sensible, en tiempos donde la discusión suele reducirse a cifras.

La noche en el CAFF aportó un argumento distinto: hay dimensiones de la vida cultural que no pueden evaluarse sólo en términos económicos sin perder aquello que las vuelve significativas. Defenderlas, entonces, no es romantizar, sino una decisión sobre el tipo de sociedad que se quiere construir.