OTROS | 15 ABR 2026

ARTE URBANO

Un mural en homenaje a Charly García ya puede verse en La Fábrica

Inspirados en una imagen icónica, dos muralistas convirtieron un rincón cargado de historia en un homenaje vivo, con la presencia del propio García.




En el corazón de un patio que guarda ecos de canciones, dos artistas decidieron intervenir el tiempo. En La Fábrica, antiguo refugio creativo de Charly García, Lautaro Machaca y Mariano Gallino pintaron un mural que ya late como una escena detenida. Ambos, atravesados desde siempre por la música de Charly, llevaron esa admiración al plano visual con una obra que funciona como homenaje íntimo y colectivo. La imagen retrata al músico lanzándose a una pileta, capturado en 2006 en Pinamar por el fotográfo Maximiliano Vernazza. El mural fue inaugurado con su presencia, en una jornada cargada de emoción y memoria.

La iniciativa nació de una intuición casi inevitable. Machaca, de 36 años y vecino de La Paternal, construyó su recorrido en el cruce entre el diseño, la práctica muralista y el trabajo en espacios culturales. Ya conocía el lugar desde su etapa como “El taller de Omar”, y ese vínculo previo también marcó su mirada. “Vi esa pared blanca y sentí que faltaba algo, que ahí tenía que aparecer Charly”, cuenta. El recuerdo de la pileta en el fondo del patio funcionó como disparador visual inmediato. “Al toque lo imaginé tirándose al agua, como en una escena suspendida”, agrega. Esa imagen, dice, no era solo estética sino también emocional: una forma de devolverle al espacio parte de su espíritu original.

El proyecto tomó forma entre bocetos y una espera silenciosa. Machaca envió varias propuestas al dueño del lugar, todas centradas en la figura de Charly García en pleno salto hacia la pileta. Finalmente, se eligió la imagen del salto en Pinamar. “Me dijeron: dejame ver si lo aprueba Charly, y ahí quedó todo en pausa”, recuerda. La respuesta llegó una mañana cualquiera, con un mensaje breve: avanzar. “No me quise ilusionar, pero cuando llegó ese mensaje fue una emoción enorme”, dice. Desde entonces, el proceso fluyó con naturalidad, como si la obra ya estuviera escrita en la pared.

Gallino, de 37 años y oriundo de San Justo, comparte ese recorrido con una mirada cómplice. “A Lauti lo conocí en un taller en Caseros en 2013 y desde ahí no paramos”, relata. Juntos pintaron en calles, festivales, hospitales y convocatorias diversas, incluso para artistas como Bizarrap y Duki. También participaron en una experiencia convocada por Hebe de Bonafini. “Siempre tuvimos ganas de hacer un Charly en un lugar significativo”, explica, y esa búsqueda —impulsada también por su admiración por la obra de García— encontró en La Fábrica su destino inevitable.

Los días de trabajo fueron, según ambos, una experiencia casi ritual. Pintaron con tranquilidad, en jornadas largas y con condiciones favorables, con la confianza del espacio y la libertad para trabajar. “Fueron días muy gratos, la pasamos muy bien”, dice Machaca. El mural fue tomando forma capa sobre capa hasta revelar la figura en pleno salto. La técnica se combinó con la intuición, y el resultado es una escena que transmite movimiento aun estando fija. Más que una pintura, funciona como una imagen que activa la memoria del lugar.

La inauguración fue el punto más alto de una historia que ya parecía completa. Pero algo inesperado ocurrió: Charly García apareció. “Fue mágico, algo que había imaginado alguna vez, pero no así”, confiesa Machaca. El artista le entregó un pequeño bastidor para que el músico también dejara su trazo. A cambio, se llevó una firma, un gesto, una presencia. “Nunca pensé que él iba a venir personalmente”, dice. Gallino lo resume con simpleza: “Conocer a Charly fue un montón de cosas lindas”.

     Foto: Damián David Dubos

Hoy, el mural se integra a la vida cotidiana de La Fábrica y deja de ser solo una obra para volverse parte del recorrido. Quienes llegan a ver una banda, o quienes suben al escenario, se encuentran con esa imagen en algún momento de la noche. La escena aparece ahí, inevitable, como una pausa dentro del movimiento. Entre luces, sonido y gente, la figura de Charly García se vuelve a hacer presente. No como un recuerdo lejano, sino como algo que sigue en circulación. Una imagen que ya no pertenece al pasado, sino al pulso vivo del lugar.